Un buen día el hombre se hizo sedentario. Abandonó los caminos perdidos y construyó su casa. Otros hombres lo acompañaron. De pronto, fueron muchos. Tantos. Las casas se levantaron una al lado de otra, hasta que, tal vez asfixiados, decidieron distribuir mejor los espacios libres que iban quedando. Aparecieron, entonces, las plazas, luego los parques, después las alamedas...
miércoles, 16 de diciembre de 2009
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